lunes, 6 de febrero de 2017

Valores; desarrollo de la Persona Integra

Valores desde Jung y Schwartz; desarrollo de la Persona Integra

 Rodrigo González, 2009.

Planteamiento: En el contexto de de la sociedad actual, dos son los temas que aparecen en la escena mundial como emergentes y es de suma importancia  poder comprenderlos: el primero de los temas es la crisis de identidad; el segundo el de la crisis de los valores. El menos estudiado de ellos es el de los valores, por lo cual se ha decidido profundizar en este tema.

   Los valores son elementos mediadores en los procesos motivacionales (específicamente los procesos de valoración, tanto primaria como secundaria) que unen las necesidades con las metas, de manera que configuran proyectivamente el sentido de vida. Además, son elementos simbólicos, es decir que unen el mundo interno con el mundo externo, por lo cual tienen un carácter adaptativo, manifestándose fundamentalmente en las actitudes; y permiten a la persona o grupos, basándose en el pasado, en la identidad y la situación, proyectarse a través del tiempo hacia el futuro, en otras palabras tienen una naturaleza existencial, por cuanto se encuentran asociados a un logos, lo cual permite evaluar las consecuencias de la conducta, es decir que son fundamentalmente recursos éticos, que permiten distinguir el bien del mal y que se estructuran de forma jerárquica, en una escala axiológica. Esta,  a su  vez está estrechamente relacionada con la estructura cognitiva, más específicamente con el sistema de creencias centrales (el autoconcepto en relación a los otros significativos), lo que hace de los valores un componente central y resistente al cambio.  Los valores se estructuran como una rueda en una serie de oposiciones en cuyo centro se encuentra el si-mismo asociado al valor trascendencia, dándole un sentido y un significado a los demás valores, es decir permitiendo el proceso de individuación. El psiquismo inviste de energía psíquica los significados asociados a determinado valor (constitutivo de procesos motivacionales a nivel consciente), reprimiendo los valores que quedan precisamente en el otro extremo de la estructura (constituyéndose de esta manera en elementos mediadores en los procesos motivacionales a nivel inconsciente).

 Por otro lado, existe un acuerdo generalizado sobre la relación entre los valores y la identidad, por una parte se considera a la identificación como el proceso introyectivo más básico, aquí sería justo decir que la valoración es el principal proceso proyectivo, ambos procesos en conjunto permiten la configuración de una realidad psíquica,  con sentido (gracias a los valores) y con significado (gracias a las identificaciones), estos procesos se estructuran dinámicamente en un ciclo de identificación-valoración. Cuando interactuamos con otros podemos identificarnos o no con sus valores y esto va establecer una forma particular de relación, al mismo tiempo, podemos valorar cierto tipo de relación, de manera que tiene sentido para nosotros identificarnos con ellos. Lo mismo hace la otra persona, transformándose este ciclo, en un proceso de ida y vuelta, se puede observar al repetirse este proceso sucesivas veces, que los procesos de construcción de significado y sentidos son intersubjetivos, auque no necesariamente son concientes, de hecho cuando tenemos dificultades para identificarnos con los valores de otro, es precisamente una manifestación de la proyección de aspectos inconcientes en nosotros mismos, un buen ejemplo de ello, seria una persona  que rechaza sus necesidades hedonistas (necesidades corporales como la alimentación, la intimidad etc) priorizando meramente por aquellos valores que enfatizan en  la tradición y la conformidad (como es  el caso de las personas apegadas a una  religión en particular)   Ahora bien, una persona más integrada en sus valores, puede empatizar mejor con otras personas y al mismo tiempo tendrá mayores posibilidades de proyectar en la configuración del campo interpersonal, aspectos más compatibles con la otra persona, es decir será capaz de integrar en el campo, aquellos valores contrapuestos en la estructura de valores, de forma que estos resulten en una más fácil identificación del otro con sus propios valores contrapuestos. Desde esta perspectiva, al interactuar  con una Persona Integra Valóricamente, se debería poder constatar, una configuración del campo en la cual predomine la empatía y aceptación; una construcción de significado y sentidos compatibles, y una facilitación en los procesos de Integración del otro.         
        
    Toda persona tiene una actitud favorable hacia aquellos o aquello, que sean compatibles con sus valores y creencias, las actitudes son una directa manifestación de los valores, solo que los valores son transituacionales, en cambio en las actitudes se aplican estos valores en una situación específica. Suelen manifestarse en los sentimientos, las cogniciones y conducta, mas no sin antes, ser mediada por diversas variables, pero cuando logran manifestarse en la conducta, logran reforzarse a si mismas, configurando un hábito virtuoso. Una vez que se ha desarrollado una virtud, se genera una reconfiguración en la Identidad de la persona, “soy una persona que tiene tal virtud”, lo que abre las puertas a un nuevo horizonte de desafíos, al establecimiento de valores más amplios y al desarrollo de nuevas virtudes. Las crisis, son un momento en el cual el Yo se confronta consigo mismo, poniendo en juego una serie de mecanismos defensivos propios de su funcionamiento. Cuando estos no dan resultado, se hace necesario una acomodación de los esquemas, una desorganización y posterior reorganización de los mismos, por lo cual son estos los momentos más propicios para intervenir en los procesos de valoración,  en el momento en el cual puede aparecer una persona con sus valores integrados, que configure en el campo de la relación una construcción de significados y sentidos que le permitan a la persona en crisis reorganizarse adaptativamente.

La crisis de identidad y de valores es un hecho social a nivel macro, pero existe en la interacción simbólica de nuestras relaciones cotidianas, estando estrechamente conectados a los procesos de valoración e identificación a nivel interpersonal. Es por esto, que nuestro desarrollo personal como psicólogos es imprescindible para la eficacia de nuestras intervenciones, siendo nuestra responsabilidad el hacernos cargo de la realidad psicosocial en la cual estamos inmersos.

Estado del Arte – Investigaciones sobre el tema: 

Actualmente Schwartz (2006) es un autor de lectura indispensable para cualquiera que desee profundizar en este tema. Su principal aporte constituye la elaboración de una estructura de valores (autodirección, estímulo, hedonismo, logro, poder, seguridad, conformidad, tradición, espiritualidad, benevolencia y universalismo), estable transculturalmente. En donde  cada valor tendría una correspondencia con un dominio motivacional, permitiendo así satisfacer diferentes necesidades, orientando a la persona hacia objetivos (ya sea terminales o instrumentales) para tales propósitos. De e esta manera, toda persona tiende a aprobar ciertos valores y a rechazar otros, que se ubicarían en la estructura de valores en una posición contraria. Sin embargo, el valor trascendencia merece una interpretación independiente, ya que su ubicación en la estructura de valores es controvertida, usualmente se le ubica en una posición central entre todos los valores, como el eje de una rueda que hace girar en torno a ella a todos los otros valores.




    Pero no solo es relevante conocer la estructura de los valores, sino que también lo es la comprensión sobre su dinámica.  En este aspecto Jung (1929) ha sido probablemente el que más ha profundizado sobre este punto. Según su perspectiva existen dos sistemas psíquicos, el sistema de significados psicológicos y el sistema de valores psicológicos. Este último sistema permite hacer apreciaciones cuantitativas energéticas, en otras palabras valoraciones, en las cuales se inviste de energía psíquica a un elemento nuclear en torno al cual se forman constelaciones de elementos psíquicos, asociadas a contenidos afectivamente cargados (complejo), estas proyecciones suelen tener un carácter compensatorio, de manera que cuando un elemento es valorado, se ocupa una considerable cantidad de energía psíquica para mantener reprimida su sombra, su contraparte mantenida inconsciente. Es necesario destacar que si este proceso falla, debido a un predominio de lo inconsciente, aparecen los antivalores o valores contrarios. Estos contenidos concientes e  inconcientes  pueden  ser integrados en un proceso de individuación, comprendiendo el valor afectivo que tienen cada uno de ellos, de ahí que “Dios” supone el valor supremo, la máxima suma de energía psíquica, ya que engloba todos los  valores opuestos.

El principal aporte de Victor Frankl (1946) fue darle un carácter existencial a los valores, una proyección del sentido de vida a través del tiempo, asociándolos a un logos determinado.

   Erikson, concebía el desarrollo en una serie de etapas psicosociales  caracterizadas por una situación de crisis (Papalia, 2001), las que requieren del equilibrio entre una tendencia positiva y una negativa, de manera que se pueda reolver dicha crisis mediante el desarrollo de una virtud (aunque las crisis no necesariamente son normativas). De esta manera los valores de nuestra cultura, con los valores a nivel personal se entran en conflicto dialécticamente, hasta sintetizarse en una disposición que las pone en armonía.

   Finalmente el interaccionismo simbólico tiene sus orígenes en la teoría de Weber (1905), este autor observó que el desarrollo de la cultura materialista  se asociaba al auge de los movimientos protestantes. Por otra parte, también se dio cuenta que en otras culturas con un sistema de creencia y valores distintos, se modifican las formas económicas y  la cultura material, en una dirección correspondiente a esos valores particulares. En otras palabras, el movimiento dialéctico de la historia material está determinado por el desarrollo del progreso de las superestructuras, en otras palabras,  por las formas ideológicas que viven en la interacción de cada uno de nosotros. Es en este punto en el cual teorías posteriores profundizaron, destacándose en este sentido;  las teorías de Representaciones Sociales de Moscovici (Mora, 2002), la teoría del Habitus de Bordieu (1995), y la teoría de Montero (1984) sobre el cambio social. Todas estas teorías hacen énfasis en los cambios a nivel interpersonal y  en como estos procesos están conectados con los niveles macrosociales.

Aportes a la Identidad local: Nuestra ciudad es testigo de sucesivas oleadas de inmigrantes, aimaras, sureños, personas de todo tipo, con sistemas de creencias y valores distintos. Por otra parte, la intolerancia y la violencia de todo tipo abundan en nuestra cultura local. Es por eso que el estudio de los valores y el papel que desempeñan sus procesos asociados en nuestras intervenciones son de máxima relevancia y atingencia a nuestra idiosincrasia.

Innovación para la Psicología: El estudio de los valores en si mismo es innovador, ya  que existen  muy pocas investigaciones en el  tema, así también faltan metodologías o formas reintervención para los valores.
Por otra parte, considero que enfatizar en esta área, además de enriquecer los  aspectos teóricos y metodológicos de la Psicología, permiten tomar mayor conciencia respecto a las motivaciones implícitas de nuestros actos y las responsabilidades que estos conllevan.

Bibliografía

·         Frankl, Victor. (1946). El hombre en búsqueda del sentido.
·         Weber, Max. (1905). La Ética Protestante y el espíritu del capitalismo.
·         Mora, Martín. (2002). Teoría de las Representaciones Sociales. Atenea Digital, Num. 2 (revista electrónica), disponible en: http://antalya.uab.es/athenea/num2/mora.pdf
·         Bourdieu, Pierre. (1995). Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Editorial Anagrama.
·         Schwartz,  Shalom, (2006). Worries and Values. Journal of Personality.
·         Montero, Mariza. (1984). Psicología Comunitaria: Orígenes, Principios y Fundamentos Teóricos. Revista Latino Americana de Psicología, Fundación Universitaria Honrad Lorenz.
·         Papalia, Danie. (2001). Desarrollo Humano, Editorial Mc Graw-Hill Interamericana. Colombia.
·         Jung, (1929). El secreto de la flor de oro.



La Importancia de la Resiliencia y el Estrés para una Visión Esperanzadora

La Importancia de la Resiliencia y el Estrés para una Visión Esperanzadora

Rodrigo González, Zvonimir Marinkovic, Nabor Riquelme y Carmen Gloria Silva, 2007.
Presentación realizada en Jornadas de Psicología del Norte Grande.

Resumen

Mediante un estudio de campo, se investigó la posible relación existente entre Esperanza (Snyder Hope Scale), Resiliencia (CD-RISC) y Estrés (elaborado por Boston University Alumni House Publications), en adultos padres de familia de Iquique-Alto Hospicio, encontrando que las personas resilientes y estresadas tienen una visión muy esperanzadora frente a las circunstancias difíciles, superando incluso a quienes son resilientes pero no están estresados, a aquellos que no son resilientes y tampoco se encuentran en una situación estresante, y hasta aquellos padres que están estresados y no son resilientes, en donde tal fenómeno se plantea la necesidad de estrés funcional para tener esperanza y relevancia del optimismo, la fuerza y la tenacidad como componentes básicos de la resiliencia, haciéndose necesario fomentar tales características.

Palabras Claves: Resiliencia, Esperanza, Estrés, Resistencia.

Abstract

By means of a field study, the possible existing relation between Hope (Snyder Hope Scale), Resilience (CD-RISC) and Stress (elaborated by Boston University Alumni House Publications) was investigated, in adult parents of family of Iquique-Alto Hospicio, finding that the resilient and stressed people have a very hopeful vision forehead to the difficult circumstances, surpassing even to those who is resilient but they are not stressed, to that they are not resilient and they are not either in a stressed situation, and until those parents which they are stressed and they are not resilient, in where such phenomenon considers the necessity of functional stress to have hope and relevance of the optimism, the force and the tenacity like basic components of the resilience, becoming necessary to foment such characteristics.

Key Words: Resilience, Hope, Stress, Resistence.



MARCO TEÓRICO

En vista de la necesidad que surge para conocer y utilizar posibles actitudes o formas de enfrentar las circunstancias más adversas con el último fin de la adecuación frente a éstas y procurando la integridad del ser humano, se hace fundamental el estudio de tales dinámicas personales, especialmente de aquellas que presentan mayor eficacia, siendo prácticamente independiente a la las circunstancias, como es el caso de la resiliencia, constructo ampliamente utilizado en Psicología.

Durante las últimas décadas ha aparecido una creciente preocupación en el mundo de las ciencias sociales con respecto al tema de “cómo algunos niños que están en situación de riesgo social logran sobrellevarlo, ¿qué distingue aquellos niños que se adaptan positivamente de aquellos niños que no se adaptan a la sociedad?”. Werner y Smith (1992) lograron identificar un grupo de factores que diferenciaban a quienes se adaptaban positivamente a la sociedad. A partir de estos desarrollos se generaron dos focos de investigación, uno que se interesaba por caracterizar las cualidades personales que permitían superar la adversidad y el interesado en descubrir los factores externos al individuo implicados en este proceso. Rutter y Grotberg (1991) desarrollaron una noción dinámica de la resiliencia, una segunda generación es la de autores como Luthar y Cushing (1999), Masten (1999), Kaplan (1999) y Bernard (1999), quienes entienden la resiliencia como un proceso sistémico. A partir de esta concepción se describe la resiliencia como un proceso dinámico que tiene como resultado la adaptación positiva en contextos de gran adversidad.

Los resultados de estas investigaciones generalmente hacen énfasis en los factores externos implicados en los procesos de resiliencia. Sin embargo, siendo que esto tiene una justificación teórica, resulta que la mayor parte de la investigación se desarrolla en niños, los cuales evidentemente tienen un mayor grado de dependencia de las condiciones ambientales. Se ha observado que a medida que el niño crece logra una independencia que le permite valerse por si sólo, haciéndose menos relevantes los factores externos que en etapas anteriores se consideraban relevantes (Puerta, 2002).

Es de suma relevancia indagar acerca de estos procesos, ya que constituyen parte de la forma en que se enfrentan los distintos acontecimientos por parte de las personas, en donde tienen la posibilidad de contar con una postura determinante para los fenómenos a la hora de poder operar sobre ellos en base a los requerimientos que el individuo considere necesarios, significando forma de enfrentar las experiencias, pudiendo abordarlas de una manera más o bien menos eficaz dependiendo de la persona. Si bien es considerable obtener información referente a estos fenómenos, también hay que acotar que estudiarlos de una forma objetiva, permitiendo la validez y la fiabilidad en cuanto a los resultados de manera fiable, significa una tarea compleja, ya que involucra identificar, controlar y predecir, los factores incidentes, estableciendo las posibles relaciones causales entre ellos. Se han definido 3 conceptos como parte del modelo: el nivel de adversidad, mediciones de una adaptación positiva y medición en el proceso de desarrollo. Para esto, se han propuesto diferentes métodos: Para la medición de la adversidad se han utilizado distintos métodos, como escalas de hechos negativos, en los cuales el individuo debe especificar aquellos acontecimientos que han estado presente en su vida, aunque se ha cuestionado la validez de estos (debido a la subjetividad). También se ha utilizado la presencia de situaciones de vida específicas comunes a un grupo de personas, como un criterio para suponer que se encuentran en una situación de riesgo. Por último, se han utilizado constelaciones de múltiples riesgos, las cuales consideran la interacción entre un sin número de factores y el mapeo de las fuentes de adversidad, a las cuales se le asigna un puntaje determinado. En cuanto a la medición de los procesos de resiliencia, remite a la distancia entre la adversidad y la adaptación positiva. Para tal efecto, se ha medido de 2 formas diferentes, en donde la primera se centra en las variables específicas que conforman el proceso, mientras que la segunda hace énfasis en el individuo con su respectiva historia a lo largo de su desarrollo humano (Luthar y Cushing, 1999; Masten, 2001). Paralelamente al concepto de resiliencia, se ha desarrollado el concepto de resistencia o robustez (hardiness) que ha sido definida como una combinación de rasgos personales con carácter adaptativo, incluye el sentido de compromiso, el control y reto, manifestándose en situaciones difíciles, además las personas resistentes tienen un gran sentido de compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez tienden a interpretar las situaciones estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia (Kotrialenco y otros, 1997). Además, se han desarrollado diversos tests para medir la resiliencia, como el de Connor y Davidson  (2003)los factores componentes de esta son optimismo, fuerza y tenacidad (Yu y Zhang, 2007), sin embargo, estos parecen acercarse más al concepto de robustez que al de resiliencia ya que no incluyen términos evolutivos, en cambio se tratan los factores como si se tratase de rasgos personales, no se puede descartar que una persona haya desarrollado rasgos de resistencia debido a que estuvo desarrollándose en un ambiente propiciador de la resiliencia.

Somos intrínsecamente pensantes hacia una meta definida, lo cual dirige nuestra atención a objetivo dirigido, llenándonos de esperanza. La esperanza como una emoción tiene factores motivacionales y cognitivos. Los llamados por Snyder (1995) “sistema cognoscitivo que se basa en un sentido recíproco derivado (a) de la agencia acertada (determinación meta-dirigida) y (b) de los caminos (el planeamiento de maneras de satisfacer metas).”  Si pensamos en las implicancias de esta definición en el concepto de resiliencia, nos es difícil darse cuenta de que asta se encuentra relacionada entre si. Víktor Frankl (1978) proponía que al hombre se le puede arrebatar todo excepto la última de las libertades humanas. La elección de un conjunto de circunstancias para elegir su propio camino. Esto es una visión esperanzadora de la vida. Esto se debe comprender en el contexto de que este autor pasaba por una serie de circunstancias extremadamente complicadas. Al parecer el tener una personalidad resistente, podría permitirle a una persona con relativa autonomía, desarrollar una visión esperanzadora de la realidad, a pesar de las adversas circunstancias.

A partir de estos planteamientos teóricos surgen una serie de cuestiones generales: ¿Cómo se puede llegar a tener una visión esperanzadora de las cosas? Y ¿Qué tendrá mayor efecto en la presencia de esta, La Resistencia Interna o Las Condiciones Adversas? Además de algunas otras preguntas más específicas como: ¿Podrá una persona Resistente en Crisis tener un mayor nivel de Esperanza que una persona No Resistente que NO se encuentra en Crisis? En este éste caso quizás sean negativos los  esfuerzos que hacen las personas por evitar estas crisis y seria en cambio recomendable promover el desarrollo de personalidades resistentes. Todas estas serán los cuestionamientos que darán curso al destino de este trabajo de investigación.

MÉTODO

Al abordar las presentes problemáticas, desde una manera científica, lo ideal sería realizar un experimento de manera que se puedan contrastar las hipótesis, estableciendo relaciones causales, esto conlleva  el infringir las normas mínimas de los requerimientos éticos. El tipo de estudio utilizado es descriptivo. La metodología utilizada, seleccionando la muestra aleatoriamente y asignando los grupos por conglomerados para la investigación, intenta establecer sí existen relaciones entre las variables Esperanza (variable dependiente), Resiliencia y Niveles de Estrés (variables independientes) debido a situaciones vitales. Además se comparan las medias para cada uno de los grupos (resiliente-estresado, resiliente-no estresado, no resiliente-estresado, no resiliente-no estresado), verificando si las diferencias son significativas, las variables serán no experimentales. La hipótesis científica que intentaremos contrastar será la de que la esperanza se encuentra más relacionada con la resiliencia que con el estrés. En segundo lugar se intentará contrastar la hipótesis de investigación de que las personas resilientes que se encuentran con estrés, tienen niveles más altos de esperanza, que aquellos sujetos no resilientes sin estrés.

Se ha aplicado primeramente un test que mide el nivel de esperanza, el cuestionario Snyder Hope Scale, luego un segundo cuestionario que mide las características de una personalidad resiliente, The Connor-Davidson Resilience Scale (CD-RISC), y por último un test que mide el Nivel de Estrés (realizado por Boston University Alumni House Publications) consistente en una lista de circunstancias ambientales y situaciones vitales, clasificados en diferentes factores (Familia, Funciones Individuales, Finanzas, Ambiente, Relaciones Sociales, Trabajo-Estudio, Cambios y Salud), que se han relacionado con la presencia de Estrés, al puntaje obtenido se le resta el puntaje resultante de medir los Mecanismo de Defensa que pueden proteger a la persona de los efectos negativos del estrés, el puntaje resultante de esta sustracción da como resultado el Nivel de Estrés.

No se sospecha de la influencia de otras variables en el Nivel de Esperanza, por lo cual solo se procede a seleccionar una muestra de cuarenta personas, cuyas edades oscilan entre los veintitrés y sesenta años, heterogénea, pretendiéndose que esta muestra sea representativa, se recogen datos en cuatro sectores distintos de la ciudad de Iquique y Alto Hospicio, en conglomerados, el primero en el sector norte del centro de Iquique, el segundo en la zona sur del centro de Iquique, el tercero en la zona sur de Iquique y el cuarto en la zona sur de Alto Hospicio, a cada persona se la aplicaron los test de esperanza, personalidad resiliente, estrés y Recursos de defensa, simultáneamente. Debido a que las situaciones Estresantes referidas en el test se refieren principalmente a personas mayores, se seleccionó según accesibilidad, procurando que fueran mayores de dieciocho años y que además cumplieran con el requisito de ser padres.  Con respecto a las características generales de los test: el test de que mide el nivel de esperanza esta compuesto por 13 ítems, cada ítems tiene cinco posibilidades de respuesta, el cual debe  responder el que mas se adapte a su característica, se enumeró en un orden de uno a cuatro, en una jerarquización de menos a más en donde la cualidad del numero  son las siguientes: 1; muy en  desacuerdo; 2 en desacuerdo; 3 de acuerdo y 4; muy de acuerdo. A los resultados del test de esperanza se suman el puntaje total y se restan los reactivos ubicados en los ítems 3,5 y 11, lo que da el nivel de esperanza ingresado en la base de datos de SPSS.  El Test que mide nivel de personalidad resiliente consta de veinticinco preguntas relacionadas con rasgos de resiliencia, los ítems son tricotómicos y las posibilidades a responder son: si, no sé, no. Los resultados del test de personalidad resiliente se resuelve sumando las respuestas afirmativas (sí) lo que da el nivel de resiliencia ingresado a la base de datos de SPSS. El test que mide estrés esta compuesto por quince ámbitos en el que puede hallarse una persona y por lo tanto, es un test bastante especifico para medir a la persona por área, sin embargo, no entraremos aquí a detallar el estrés por área de las personas encuestadas  ya que no es del interés de esta  investigación. Cada subtest (ámbitos), se compone de dos partes, en donde se le expone una situación, la consigna consiste en responder sólo lo que le ha ocurrido. En la primera parte la persona debe contestar, marcando con una X, la situación y el nivel de estrés que le provocó, dentro de un periodo de seis meses antes de la fecha actual. Los niveles van en una escala de menos a más enumerados de uno a cinco. La segunda parte es muy similar, con la diferencia de que la consigna consiste en responder lo que cree que le ocurrirá (lo que cree posible) dentro de seis meses a la fecha actual. También debe marcar con una cruz la situación y enumerar de uno a cinco la circunstancia que le producirá mayor estrés. La última parte del test mide Recursos de defensa. Es un subtest que consta de 20 ítems dicotómicos, cuya clasificación se dividen en respuestas positivas (SI) y negativas (NO). Se suman las respuestas positivas (SI) y esto da el puntaje de los mecanismos de defensa. Los resultados consisten en sumar todas las respuestas con los valores dados de uno a cinco de cada subtest, que a la vez se suman con los otros ámbitos contestados, la parte del test que mide recursos de defensa se sustrae al total del Test de Nivel de Estrés.

Se analizaron los datos a través de SPSS. Los grupos fueron creados utilizando la mediana como criterio de discriminación entre resilientes/no resilientes y estresados/no estresados.
      
RESULTADOS

Al analizar las correlaciones entre las variables, se han arrojado resultados que dan cuenta de una correlación significativamente positiva entre esperanza y resiliencia (0,667), aunque la relación entre esperanza y estrés no alcanza a ser significativa           (-0,169) y la relación entre resiliencia y estrés tampoco logra suficiente significación    (-0,274) se puede dar cuenta de que la relación entre estrés y esperanza es considerablemente inferior a la relación entre estrés y resiliencia.

Las diferencias entre las medias de las variables, en cada uno de los grupos, es significativa (pues es menor a 0,05) por lo que rechazamos la hipótesis nula de que las medias son iguales. Existen diferencias significativas entre las medias en los puntajes de esperanza para cada uno de los grupos.

El primer grupo, resilientes-estresados, obtuvieron en promedio el mayor nivel de esperanza (28,8); el segundo grupo, resilientes-no estresados, obtuvieron en promedio el segundo puntaje mayor (27,2); el tercer grupo, de los no resilientes-no estresados, ocupan en promedio el último puesto (18,4), el grupo con niveles de esperanza menores; el cuarto grupo constituido por los no resilientes-estresados, tienen los niveles promedios de esperanza, posesionándose en el tercer puesto (22,9).   

COMENTARIOS Y CONCLUSIONES

El optimismo, fuerza y tenacidad de una persona es crucial para experimentar la esperanza, un proceso en el cual la persona puede orientarse hacia una meta, junto con la motivación a moverse hacia ella (agencia) y las maneras de alcanzarlo (caminos). Las situaciones y condiciones ambientales estresantes, sin bien inciden, no son fundamentales a la hora de considerar la esperanza, en adultos.

Los resilientes frente a situaciones y condiciones estresantes  pueden tener niveles de esperanza considerablemente más altos que un no resiliente que no se encuentre enfrentado a  niveles elevados de Estrés ambiental y situacional.

Las hipótesis de investigación han sido aceptadas. Las inquietudes expresadas en el marco teórico han sido vislumbradas. Parece ahora lógico pensar en porque Víktor Frankl, a pesar de todas las adversidades por las que pasó, logró desarrollar una visión tan esperanzadora de la vida.

Parece interesante poder plantearse la idea de que el estrés  sea una condición favorable para que se dé la esperanza. Lo cual se ve reflejado en las medias de los grupos con mayores niveles de estrés. Sin embargo, por el momento no se puede asegurar, ya que no se encontró una relación significativa entre esta variable y la esperanza. Pero destacamos que parece lógico pensar que las características de la resiliencia (optimismo, tenacidad y  fuerza), salten a la luz en un contexto de dificultad.

La utilidad de este estudio permite que los resultados otorguen importancia a fomentar las características de una personalidad resiliente, enriqueciendo el trabajo en el área de la psicología clínica, laboral y educacional, ya que por medio de una estimulación, en los programas de formación y en los programas de fomento de las condiciones necesarias para fundar la Resiliencia, sería factible arraigar tal fenómeno, con la intención de promover y generar las conductas resilientes en las personas.

Y por último, no se descarta el hecho de que por medio de la promoción de la visión esperanzadora, mejorando muchos índice de salud, por ejemplo la disminución considerable de los índices de depresión en la población (Jadue, Galindo y Navarro, 2004).
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

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Frankl, Víctor .(1978). El Hombre en Búsqueda del Sentido.

Grotberg, E. .(1995). The International Resilience Project: Promoting Resilience in          Children, Washington D.C., Civitan International Research Center, University of          Alabama  at Birmingham, ERIC Report.

Jadue J., Galindo M., Navarro N. .(2004). Protective and risk factors for the        development of resilience in a social risk school Universidad Austral de Chile,     Instituto de Filosofía y Estudios Educacionales.

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Längle, Alfred .(2005). Psicoterapia analítico-existencial de los trastornos depresivos      International Society for Logotherapy and Existential Analysis, Vienna, Austria.

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Masten, A. .(1994). Resilience in Individual Development: Succesful adaptation despite rich and adversity.

Puerta, Maria .(2002). Resiliencia. La estimulación del niño para nuevos desafíos. México. Lumen Humanitas.

Rutter, M. .(1991). Resilience: Some Conceptual Considerartions, trabajo presentado en Iniciatives Conferences on Justering Resilience, Washington D.C.

Silva C.Jaime .(2007). Regulación emocional y psicopatología: el modelo de vulnerabilidad/resilienciaEmotion Regulation and             Psychopathology: the Vulnerability/Resilience Approach.

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Vilaythong, A., Arnau, R., Rosen, D. y Mascaro N. .(2003). Humor and hope: Can humor increase hope?. A. P. Vilaythong et al.

Werner, E. y Smith, R. .(1982). Vulnerable but Invisible: A longitudinal study of resilient children and youth, New York, McGrawHill Book.



Yu, Xiaonan y Zhang, Jianxin (2007). Factor Analysis and Psychometric Evaluation of the Connor-Davidson Resilience Scale (CD-RISC) with Chinese People.         Social Behavior and Personality.

EL ROL DEL PSICÓLOGO SOCIAL

EL ROL DEL PSICÓLOGO SOCIAL: Interventor. Lo joven de la disciplina, la consolidación y desarrollo que debe tener.

Francisca Donoso, Noemy Gallardo y Rodrigo González, 2006.
Presentada en Jornadas de psicología del Norte Grande.


INTRODUCCIÓN

Podríamos plantearnos una pregunta: ¿Existe el “psicólogo social” como tal? Esta fue la pregunta que nos motivó a realizar una profundización de las posibles respuestas. A medida que avanzamos en nuestra investigación, fuimos abriendo nuevas perspectivas sobre las dimensiones que podríamos indagar. Dicha investigación consistió en tres partes: interiorización sobre el tema, entrevistas abiertas indagatorias y análisis exhaustivo del desarrollo de las ideas, que se darán a conocer en este artículo.

DEFINICIÓN

Es importante definir el rol del psicólogo social (el artículo se centrará en la aplicación comunitaria dentro de nuestra cultura, occidental, latinoamericana, chilena, iquiqueña) porque como se verá en las entrevistas analizadas posteriormente, existe una evidente necesidad de especificar y especializar el trabajo del psicólogo social dentro de la aplicación comunitaria. Maslasch ha apodado “crisis de identidad” a los cambios internos y externos implicados en el transito desde lo teórico a lo aplicado. Produciéndose un cambio de estatus, poder y valores. El practicante es enfrentado a un rol indefinido y flexible que elicita múltiples percepciones despectivas de otros profesionales, tanto dentro como fuera de la psicología. El rol es un tema capital para cualquier campo aplicado. Sin embargo, apenas ha recibido atención en la literatura psicosocial, tomando una forma pragmática y ateórica. Existe, no obstante, un creciente interés por el tema. El interventor, necesitado en el día a día de las directrices, no puede esperar que las investigaciones y ciencia hayan encontrado las soluciones finales a los principios acabados, viéndose obligado a realizar un trabajo insatisfactorio. Se crea entonces un conflicto, entre: profesionalismo y antiprofesionalismo;  tensiones internas y externas; descripción y prescripción; y entre poder y conocimiento.
El examen de la literatura sobre el rol del psicólogo social puede resumirse en dos vertientes: estructural (contenidos-identidad) y procesal (desempeño- función).
Estructural. Se puede observar una amplia diversidad de propuestas en función del campo. Por ejemplo: Hornstein clasifica los distintos roles de acuerdo a  la relación entre el agente de cambio y el cliente en: relación experta (modelo de relación medico-paciente); relación colaboradora (modelo de investigación- acción de Lewin); y abogancía social (defensa de los intereses de la parte indefensa).
Procesal. El estudio sobre la variabilidad  del desempeño ilumina algunas cuestiones fundamentales: “compatibilidad de los roles”; “posibilidad de que una sola persona pueda asumir distintos roles”;  y  “las dificultades implicadas en las eventuales transiciones del rol”. Esto apunta a dos temas emergentes: la multidisciplinaridad, los roles conectores y el conflicto del rol.
La investigación se basará en las propuestas emergidas desde la propia intervención comunitaria. La conferencia de Austin sobre formación en psicología comunitaria, Lorion y Morris, Bermant, y la discusión del American Journal of Community Psychology sobre cuestiones éticas (Alipio Sanchez Vidal). Podrían resumirse en sus modelos de formación e intervención comunitaria en: clínica comunitaria; desarrollo comunitario y sistemas sociales; intervención y prevención en sistemas y organizaciones; cambio social; ecología social; psicología social aplicada.        








INTERVENCIÓN SOCIAL Y COMUNITARIA.
La situación actual de los proyectos de intervención social comunitaria, se encuentra muchas veces ausente de la presencia del psicólogo social.
“Nunca he visto a un psicólogo social trabajando en la comunidad, los asistentes sociales toman sus puestos, y en los programas de gobierno se dieron cuenta, por ejemplo: en el programa Vivo Mi Barrio, se plantea la necesidad de un psicólogo social, el cual permanece ausente en la planificación del programa de recuperación de barrios, en el participan dos asistentes sociales y un sociólogo.”(Guillermo Varas, asistente social).
En el colegio de mi hijo, que es un colegio para niños discapacitados, se imparten cursos de capacitación para apoderados… Son los asistentes sociales los encargados de estos. Ella nos cita a una reunión, nos explica de que  se trata, cuanto dura, etc.”(Lorena González, dueña  de casa).
En las municipalidades rurales, los asistentes sociales son como los maestros chasquillas, es casi la alcaldesa, se han hecho imprescindibles, y por supuesto está menos preparada” (Claudia Zagardia,Sociologa).
El área de intervención de los servicios sociales ocupa el cuarto lugar por lo que respecta a las especialidades a las que los psicólogos se dedican con prioridad en su intervención profesional, con un 9,2%, solo sobre la Investigación y la Seg. Vial. ( Ismael Quintanilla Pardo,1992).
El alcance de la intervención de los psicólogos sociales en la comunidad evidentemente no esta interiorizado dentro de la comunidad.
Se produce un efecto de realidades paralelas entre lo percibido por la comunidad y la verdadera intervención del psicólogo social, porque se trabaja en grupos pequeños, los efectos son a largo plazo y muchas veces no se considera la difusión como una prioridad” (Maria Carla Morales, psicóloga).
En Iquique, se esta haciendo una interesante intervención psicosocial emergida de la oficina de protección de derechos del infante (OPD), esta es una puerta de entrada de los recursos protectores que ofrece el ámbito local para niños y niñas vulnerados en sus derechos. La OPD, trabaja en la promoción (generación de recursos humanos), fomentando la autogestión y coordinando con otras instancias. Se trabaja con actividades de acción-reflexión-acción y sus objetivos son el fortalecimiento y formación de valores, la conducta prosocial y la sensibilización responsable por parte de los promotores y la comunidad en general. Este es,  sin duda  un buen ejemplo de como se esta forjando la psicología social aplicada.
La frustración y  baja motivación monetaria forman parte de la actividad del psicólogo social. Por lo tanto, el rol del Psicólogo social carece de una alta valorización, creando así, una latente disyuntiva; es decir, esta disciplina necesita  y requiere de una muy  significante vocación para desarrollarse y permanecer en esta área.
Los psicólogos a lo largo de su experiencia profesional, ejercen en varios ámbitos  de intervención de los existentes en la disciplina y son muy pocos los que únicamente se limitan a trabajar en una de estas áreas concretas a lo largo de su carrera; y los que se dedican a esto, muchas veces participan en programas que duran poco tiempo, por lo tanto, tienden a buscar otros trabajos.
El interventor psicosocial al no tener bien definida su función, no tiene una metodología determinada; es decir, puede aplicar muchos procedimientos diferentes sin una pauta teórica a seguir, transformándose en una práctica poco rigurosa y se hace difícil comprobar la validez de los resultados; pero es importante decir, que por lo general,  intentan guiarse a partir de modelos parciales (que lograr explicar solo un poco), como el de Freire.
La percepción de la comunidad referente a intervención comunitaria, se encuentra asociada a la Municipalidad. Cualquier “líder” dentro o fuera de la comunidad se toma estas atribuciones sin dominar el tema y sin poseer las herramientas necesarias para aplicarlo.
El poder se encuentra centralizado… ¡es necesario empoderar! ... Hay que dar espacio a otras instancias, como las ONG, grupos emergentes, independientes y otros grupos menos tradicionales” (Claudia Zagardia, Socióloga)
“La situación actual es desorganizada, inorgánica y politizada, el Alcalde prefiere designar personas por confianza; por ejemplo, en DIDECO trabajan varias personas que ni siquiera son profesionales…no quieren potenciar a las personas, prefieren el asistencialismo, ya que esto le sale mas rentable a la hora de los votos.” (Guillermo Varas, Asistente Social).
El asistencialismo asociado a los sistemas paternalistas, niega la capacidad de autogestión dentro de la comunidad, no potencia las habilidades, ya que se les entregan  los insumos y servicios directamente, fomentando el “andar pidiendo” sin lograr lo que necesitan producto del esfuerzo. Esto incentiva a que se generen grupos a los que tradicionalmente se les entrega ayuda, dejando de lado a otros grupos minoritarios.
“Criticar es mas fácil que ayudar, y ayudar es mas fácil que liberar” (Guerrillero oculto, hip-hop conciente)
La programación de la intervención  psicosocial se realiza en función de la forma, dejando de lado el contenido.
No he sabido de actividades en la que profesionales entren a ayudar en la comunidad…Hace tiempo que no hacen esas fiestas, bailes y eventos deportivos.” (Manuel Schafer, auxiliar de la universidad)
Al ponerse énfasis en la forma, la intervención comunitaria es percibida como un montón de celebraciones, esto último va asociado a que no existe una preocupación por parte de los interventores por dar a conocer las políticas públicas a las que van dirigidas las actividades.
En Chile las políticas publicas en el ámbito de lo social ha variado, durante el régimen militar las políticas tuvieron una orientación de tipo “como yo voy a”, con la vuelta de la democracia esta perspectiva ha ido variando paulatinamente hasta una política tipo “como  nosotros vamos a”, de manera tal que ha favorecido la expansión de la intervención psicosocial.
“En Chile con la vuelta de la democracia los humanistas que habían perdido terreno, comenzaron a posicionarse en este espacio, abriendo un nuevo campo laboral” (Claudia Zagardia, socióloga).
En  Chile a diferencia de otros países de la región como Colombia y Cuba, no tiene una situación interna que favorezca el desarrollo de las disciplinas dirigidas al cambio social.
la intervención psicosocial en chile es un campo sin explorar, tenemos muchísimo que hacer, pero nuestra situación es distinta, al menos nosotros no caminamos por las calles con cadáveres” (Elda Pérez, psicóloga).
A decir verdad no se ha invertido poco dinero en la intervención social, pero estos dineros han sido ocupados en formas demasiado generales y de baja intensidad, cabe destacar que esta situación ha ido cambiando paulatinamente.
La formación en psicología ha estado enfocada a lo individual, ha la clínica en particular.
“He conocido algunos planes pero casi siempre se termina haciendo clínica… en mi universidad ni siquiera tuve la oportunidad de conocerla, no había electivos con un enfoque dirigido a la aplicación psicosocial” (Elda Pérez, psicóloga).
“Habíamos dejado botada la disciplina, los sociólogos de alguna forma la habían tomado, y habían desarrollado teoría en base a ella, ahora que la estamos retomando nos apoyamos en sus teorías” (Samuel Fuente alba, psicólogo social).
Muchos  psicólogos trabajan en el área psicosocial solamente porque es donde pueden encontrar trabajo, pero no sienten una vocación, ni tienen una adecuada formación, necesarias  para el trabajo aplicado. Entran a la comunidad con una diferencia de estatus, por lo tanto no logran sintonizar con la experiencia autentica, solo con una máscara, construida  por los miembros de la comunidad.
“Me sentía como un extraño,mis colegas me decían que ganaba muy poca plata, éramos mirados en menos… y en realidad es mas o menos así… funciona, pero es frustrante… se necesita tolerancia… uno cita a una reunión y llegan dos personas… uno entra en una disyuntiva… ¿es un tema social o tuyo?... pero igual es nuestra responsabilidad. Uno no es un experto. No estamos restringidos en nuestro propio ámbito…” (Samuel Fuente alba, psicólogo social).
Muchas  veces dentro de la comunidad existe una resistencia por parte de sus integrantes.
“…trabajo, voy a pescar, soy de pocos amigos…yo no necesito ayuda, me he desenvuelto toda la vida solo, y estoy bien así…” (Manuel Schafer, auxiliar universidad).
“¡¿Cómo empodero a alguien con desesperanza aprendida?!” (Elda Pérez, psicóloga).
Muchas veces los miembros de la comunidad se encuentran alienados tanto de su propia realidad como la de su entorno, o no poseen los recursos, tanto psicoafectivos como materiales necesarios para emprender su desarrollo autogestionado. Ya que el origen de todas las contingencias asociadas a los problemas sociales se caracterizan por ser multicausales se necesita el trabajo grupal entre los distintos profesionales.
También en muchas oportunidades es el propio psicólogo, a veces preparado al que le hacen falta habilidades para emprender sus actividades, por ejemplo, animar a un grupo en una campaña de difusión haciéndose necesario la ayuda de paraprofesionales.
No cabe duda que en el trabajo comunitario hace falta el apoyo del psicólogo social.
“Nos hacen falta herramientas para hacer una intervención más profunda” (Claudia Zagardia, socióloga).
“Los psicólogos sociales tienen mayor proyección, desarrollan un trabajo sistémico, de carácter más general” (Guillermo Varas, asistente social).
Los psicólogos tienen los recursos para ir más allá, interiorizándose en la realidad particular de cada individuo, situándolo en un sistema funcional más amplio. Otros profesionales no están capacitados para realizar esta actividad.
Dichas capacidades, necesarias para el desempeño del psicólogo, se desarrollan idealmente a través, de su especialización aplicada, por medio del trabajo en terreno, de manera que las teorías se desarrollan ligadas a la acción.
Se quedan mucho en la teoría, debiesen perfilarse especializarse especialidades en la universidad… pero lo encuentro difícil, no existe sensibilidad, estamos en un sistema individualista, en el juego del sálvese quien pueda” (Guillermo Varas, asistente social).
“Es necesario hacer alianzas estratégicas, capacitar en políticas públicas, hacerse socios del gobierno e instituciones en las practicas profesionales…El terreno sirve para pulirse… hay que esforzarse mucho”  (Claudia Zagardia).
“Los psicólogos nos formamos trabajando, para perfilar el rol del psicólogo social es necesario que las universidades reciban la demanda de parte de la comunidad. Lo que a la universidad le incumbe es estar con “oreja fina” escuchando atentamente estas demandas” (Elda Pérez).
El tema de los psicólogos es que son muchos y necesitan especializarse. Es un tema de pretensiones, el psicólogo que está egresado quiere ser bueno para todo. El trabajo en terreno trata de cuestiones muy crudas, el psicólogo egresado con una formación teórica, tiene objetivos pretenciosos y carece de herramientas para intervenir óptimamente. Prefiere trabajar en otra cosa. Tiene miedo de enfrentarse a algo que no conoce.
Al psicólogo le falta desarrollar una sensibilidad social, para perfilar un verdadero psicólogo social.
los psicólogos están en otra parada, el tema de pelear entre los distintos profesionales se ve postergada, por una pelea interna entre los psicólogos antes de postular. Hay un tema de validación” (Claudia Zagardia).
El tema de la validación entre los psicólogos trata de la forma en que se posicionan dentro de la estructura organizacional con un estatus determinado.
Aunque la especialización, permite la necesaria profundización del análisis, plantea problemas de integración de conocimientos y soluciones técnicas. La multidisciplinaridad cuestiona la suficiencia de las ciencias y profesionales, para encarar la complejidad del mundo social. Se requiere para esto entre los profesionales: un marco conceptual e interventivo común, un lenguaje común, y un acuerdo social al respecto.
La multidisciplinaridad, interdisciplinaridad y transdisciplinaridad designan grados distintos de integración disciplinar. Lográndose finalmente en la transdisciplinaridad romperse las fronteras entre las disciplinas y profesionales, apareciendo integraciones globales.
Maruny (1990) ha descrito en cuatro etapas el proceso habitual de incorporación del profesional a un equipo ya establecido: la Reivindicación; Competencia por el poder y liderazgo del campo; Debate sobre la propia identidad profesional; y finalmente, Análisis interdisciplinar del objeto de trabajo. Se puede decir que, la psicología social aplicada se encuentra en la tercera etapa, “El Debate sobre la propia identidad profesional”, que se ve rodeado de cuestiones como el replanteamiento del objetivo de trabajo y soluciones posibles a ese replanteamiento.
En general, se puede decir que la intervención social comunitaria es deficitaria hasta el momento, ha sido poco considerada. Es una disciplina joven y está constantemente innovándose. Lleno de contradicciones internas, se aplica, aunque de forma inadecuada. Este es un tema que requiere de una especial atención por parte de la comunidad en general y universidades.

SOBRE LA PERCEPCIÓN DEL ROL DEL PSICÓLOGO.
El psicólogo social es un personaje desconocido. ¿Por qué?, esto básicamente debido a una crisis de identidad, el ser un personaje desconocido, a su vez, provoca angustia, propia del no saber bien a que enfrentarse, no poder reconocerse, y no tener la forma en que otros lo identifiquen.
Las dos vertientes del papel profesional son las conexiones entre identidad y función, en la medida que la identidad es más personal, y la función más social, se intuye en seguida el papel de puente entre lo social y lo individual, el carácter psicosocial del rol profesional.
Conviene subrayar algunas de las cualidades y posibilidades prácticas del carácter psicosocial. En efecto, el rol aplicado, no importa solo como identidad profesional, sino también, como referente valórico y como fuente de la cual derivar la autoestima. Y es que, al establecer quien es y que sabe hacer el practicante psicosocial, a su vez, para ser reconocido por otros, para ser tenido en cuenta, por ejemplo, al contratar ciertos servicios. Sirve también,  para generar un sentimiento de pertenencia; y estableciéndose un rol ideal se pueden exigir estándares normativos. De igual modo, como puente entre la teoría y la praxis.
Importante es establecer  por que el psicólogo social es un  personaje desconocido, a parte de todas las variables derivadas de la aplicación psicosocial  ya mencionadas, debiésemos exponer  aquellas causas propias del cambio social que puede llevar a cabo el psicólogo.
Maritza   Montero, señala que como la experiencia y la historia nos indican, si bien es cierto que una revolución produce transformaciones, no basta para cambiarlo todo. Boudon, advirtió que  “un principio fundamental de las sociologías de la acción es que el cambio social debe ser analizado como la resultante de un conjunto de acciones individuales”, hace falta entonces, estudiar los efectos de los hechos sociales en la vida cotidiana, es decir el ámbito en el que las practicas sociales y culturales son llevadas a cabo, regulando la velocidad y dirección de la vida social.
Las estructuras forman entornos  específicos, en los cuales forman habitus,  que a su vez generan prácticas que mantienen esas estructuras y que los perpetúan. Se entiende por “Habitus”  (Bourdieu,1972) un  sistema de disposiciones durables, estructuras estructuradas , es decir, en tanto que  principio de generación y de estructuración de practicas  y de representaciones que pueden ser objetivamente  “reguladas” y “regulares”sin para nada ser el producto de la obediencia a reglas, objetivamente adaptadas a su finalidad sin suponer la dirección consciente  de  los fines  ni el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos y, siendo todo esto, colectivamente orquestado sin ser el producto  de la acción organizadora de un director de orquesta. 
Los psicólogos sociales generan cambio social principalmente a través del habitus; decimos que por lo tanto, el trabajo del psicólogo social no supone  una dirección necesariamente consciente, transformándose su labor percibida en una forma inconsciente.             
            
Conclusión y proyecciones
Definir el rol del psicólogo social es importante, para toda empresa aplicada.
La definición del psicólogo social solamente se puede lograr ejerciendo efectivamente esta actividad. La formación en las universidades, sensibilizar socialmente, especializar, trabajar interdisciplinarmente, y hacer alianzas estratégicas con el gobierno y otras instituciones, son también requisitos fundamentales. El papel del psicólogo social es desconocido por la comunidad y que en muchas ocasiones no se aprovecha la capacidad de profundizar en la intervención que le corresponde al psicólogo social. Este profesional de por si trabaja por vocación, ya que su remuneración y su status no son satisfactorios, siendo reemplazados por otros profesionales. Es una disciplina nueva y que esta constantemente renovándose. Es necesario hacer muchas investigaciones más para poder llegar a resultados definitivos.
Este tema es de relevancia, pues brinda orientación para especificar y especializar su labor, su formación, asignación de recursos, distribución de tareas y proyección en el futuro.



Referencias:
Ismael Quintanilla Pardo y Ricardo Díaz Sánchez, 1992. El psicólogo de los servicios sociales. Práctica y perfil socio-profesional. Intervención psicosocial. Barcelona, España.
Nara Maria Guazzelli Bernandes y Pedrinho Arcides Guareschi, 1992. El saber – actuar de la psicología y la comunidad: reflexiones producidas desde un lugar latinoamericano. Porto Alegre,Brasil.
Ferran Casas Aznar y Miguel Lopez Cabanas, 1992. Intervención psicosocial. Madrid, España.
Gonzalo Musito Ochoa y Rosa Castillo Montañes, 1992. Problemas sociales y politicas de accion social: Algunas contribuciones de la psicología social.
Alipio Vidal Sanchez.

sábado, 3 de septiembre de 2016

INVESTIGACIÓN EDUCATIVA DESDE EL MÉTODO COMPRENSIVO Y EL PARADIGMA COMPLEJO

Investigación educativa desde el método comprensivo y el paradigma complejo

Rodrigo González, 2016
El presente ensayo es una aproximación a los fundamentos de un método de investigación en el campo educativo, llamado método comprensivo.
Educación en Movimiento.
“Re-crear” he ahí el dilema de la educación, que debiendo transmitir la cultura de una generación a otra, al mismo tiempo debe contribuir en la construcción de un mundo mejor al ya existente. No se trata de un mero acto creativo, tampoco de un frívolo acto de reproducción. Encontramos en este punto la dificultad de investigar su esencia, pues la educación de hoy es un proceso en continuo cambio, se transforma y reforma constantemente, es una “educación en movimiento” a pesar de seguir siendo una estructura conservadora.
La educación está moviéndose, pero ¿hacia dónde? Hace mucho tiempo que el método científico dejó de considerarse un ejercicio neutral, una investigación siempre tiene un impacto en la realidad, aunque no siempre el efecto deseado (Fals Borda, 1978). En ese caso, un criterio de validez de tal conocimiento son los efectos en la realidad, el cómo se relacionan con las prácticas. Toda investigación que considere tal criterio de validez deberá en ese caso poner atención a las prácticas y/o condiciones en que se realizan.
Una reacción de las ciencias sociales frente a los cambios en el sistema educativo fue el relativismo posmoderno, “si todo está cambiando entonces dejémoslo ser, deconstruyamos la hegemonía del conocimiento y exaltemos la subjetividad del individuo”, los estudios que se han inspirado en esta posición se dedican a describir cualitativamente y validar éticamente las creencias y prácticas de los actores educativos, juzgando explícita o implícitamente el sistema que los condiciona.
Otra reacción ante la educación en movimiento inspirada en la nueva gerencia pública, echa mano a la lógica interna de la administración y el cientificismo, y la traducen para racionalizar exhaustivamente los mecanismos de control del sistema educativo, “si todo está cambiando, entonces evaluemos objetivamente cada uno de los procesos educativos para eliminar o reforzar todos aquellos factores que inciden en su efectividad”.
¿Qué camino deberíamos seguir? Según la UNESCO (2015) la educación debe tener un rol que nos ayude a adaptarnos a los cambio y transformar el mundo en el que vivimos, y así contribuir en la promoción de los derechos humanos y la sostenibilidad. Con ello no se apunta simplemente a nuevos contenidos a ser enseñados, se refiere más bien a aquella sabiduría anterior a cualquier enseñanza, que habita en el modo de enseñar. Uno de los principales desafíos de esta transformación es la fragmentación o atomización del conocimiento en disciplinas, lo que inhibe las relaciones entre campos de conocimiento y el abordaje complejo de los saberes fundamentales (Morin, 1999).
¿Cómo inciden las diversas metodologías de investigación en rumbo que debemos seguir? Realizando una breve revisión podemos apreciar que el posmodernismo ha contribuido a fragmentar las subjetividades (Munné, 2001) y que los modelos inspirados en la administración han fomentado la individualización de los desempeños (Fardela, 2013). Es decir, precisamente lo contrario que el paradigma complejo propuesto por la UNESCO (2015; Morin, 1999).

Método Comprensivo
La realidad educativa no es ni plenamente objetiva ni completamente subjetiva, la educación es un sistema de socialización, y por ende es necesariamente una interacción simbólica. Requerimos conocer los hechos sociales que ocurren en ella, es decir la interacción, pero no basta con ello, habremos también de interpretar comprensivamente los significados, sintaxis y sentidos derivados de dichas experiencias prácticas.
Berger y Luckmann (2001) explican que las sociedades desarrollan un cuerpo de conceptos, teorías y valores que legitiman ciertas prácticas sociales, se refieren a todo aquel conjunto de conocimientos que pasan a ser el sentido común propio de una cultura. Al mismo tiempo, las sociedades establecen sistemas de socialización que permiten transmitir tales universos simbólicos de una generación a otra, recreando con ello las diversas formas de vida. Pero la distribución social de dicho conocimiento no es homogénea, depende de la posición social de los grupos humanos, cada uno de ellos tienen prácticas sociales y subconjuntos simbólicos que pueden entrar en alianza o conflicto con los de otros grupos.
Dado el carácter simbólico de las interacciones sociales, el científico social se haya ante el desafío de comprender los fenómenos subjetivos de los actores sociales considerando los aspectos culturales del contexto donde se desenvuelven. En esta lógica, el enfoque construccionista y las metodologías hermenéuticas podrían ser un aporte para investigar una educación (Ponce, Lira, Torres y Cázares, 2007; Briones, 2002).
Al estudiar prácticas educativas, el investigador las registra, más no comprende directamente el sentido que tienen para los actores sociales, por eso, el investigador debe tener cierta dosis de confianza en los actores educativos, pues debe ser socializado por ellos e incorporar el sentido común de esta comunidad educativa  (Ponce, Lira, Torres y Cázares, 2007).
Pero al mismo tiempo que el investigador se sumerge en la experiencia educativa que estudia, debe romper epistemológicamente con tal sentido común. Sospechar y develar los sentidos implícitos o subyacentes que pueden tomar las prácticas educativas que vivencia (Ponce, Lira, Torres y Cázares, 2007).
Para  Ricoeur,  la interpretación simbólica requiere de ambos juegos del lenguaje en modo simultáneo: confianza y sospecha son dos métodos complementarios, uno particulariza otro contextualiza. La dialéctica entre tales procesos hace de la comprensión un proceso siempre inacabado y recíproco, pues la interpretación de un texto, un discurso, o una práctica social es un acontecimiento histórico que se deriva del encuentro entre quien representa y quien interpreta (Ponce, Lira, Torres y Cázares, 2007).
La hermenéutica ubica la experiencia en una estructura conceptual (como lo haría el estructuralismo), pues no busca enajenar los prejuicios del investigador (como lo haría el pensamiento simplificador), más no se limita a dicho procedimiento, incorpora tales prejuicios en el ejercicio comprensivo, contribuyendo a la autoorganización de los sistemas participantes en el proceso de investigación (Moreno, 2009; Chirinos y Puerta,  2006; Ponce, Lira, Torres y Cázares, 2007).
Es importante mencionar que el método comprensivo surge de la filosofía continental, pero en el curso de su desarrollo se ha transformado en uno de los fundamentos de la epistemología constructivista y el paradigma complejo, en el sentido que no se limita al acto fenomenológico, el método  comprensivo pasa de la mera descripción del objeto de estudio a la descripción del sujeto que lo describe, aportando la reflexibilidad que requiere el paradigma complejo de investigación (Moreno, 2009; Chirinos y Puerta,  2006).
Hay que considerar que el conocimiento derivado del método comprensivo es provisional y contextualizado, está siempre en movimiento. Quizás el mejor modo de estudiar una educación en movimiento sea mediante un método que se mueva junto con ella.

La relación comprensiva
Según Morin (1999) las ciencias no aportan solamente descubrimientos, también nos revelan las fuentes de incertidumbre de la realidad. En un sentido similar, Fals Borda (1978) nos recuerda que el ejercicio por relacionar la teoría con la práctica es un esfuerzo siempre inconcluso y lleno de tropiezos.
Al comienzo hemos hecho una invitación a relacionar los campos de conocimiento, pero  más importante que la relación entre contenidos, es la relación entre las personas entre sí, personas involucradas en campos de conocimientos fragmentados al encontrarse deberán hacer un esfuerzo por comprenderse mutuamente. En dicho caso, puede que el carácter incierto e inacabado  que mencionan Morin (1999) y Fals Borda (1978) se deba más a las vicisitudes de las relaciones humanas, más que las propiedades de las metodologías de investigación en sí.
El método comprensivo es un método de investigación, pero es por sobre todo un modo de relacionarse, y eventualmente puede constituirse como un sistema de socialización participativo. Gracias a la interacción que implica el ejercicio hermenéutico en educación se genera un vínculo donde el investigador y el actor educativo se construyen mutuamente. Ambos se ven enriquecidos: como resultado de la confianza depositada, el investigador es transformado por aquel que estudia y como resultado de la operación de sospecha, la experiencia vivida en la práctica educativa es re-estructurada por el investigador. Uno genera nuevo conocimiento, el otro tiene la oportunidad de generar nuevas prácticas educativas.
Algunos opinarán que tomar conciencia de los procesos educativos no se transformará necesariamente en una mejor educación, y eso también tiene cierta verdad. Una mejor educación puede cambiar ciertas condiciones materiales de las personas, familias y comunidades, pero es igualmente cierto que se necesitan ciertas condiciones materiales para una educación de calidad. Por ello, cuando el investigador se enfrente a los fenómenos educativos no se limitará a describirlos, estará atento también a todos aquellas condiciones que pudieran estar incidiendo en  las prácticas educativas estudiadas, tales como las condiciones laborales, la infraestructura o las características de las familias de los estudiantes (López y Tedesco, 2002). Después de todo, la investigación puede tomar en estos casos una función concientizadora, y tomar conciencia sobre tales influencias, puede ser un punto de partida para mejorar tales condiciones (Fals Borda, 1978).
En dicho sentido, el método comprensivo, no renuncia al esfuerzo por explicar los fenómenos educativos, pero no pierde de vista la participación con los actores educativos, los hace protagonistas de la indagatoria. No asume una posición neutral y arrogante que deja a las comunidades estudiadas como víctimas de la explotación científica. El método comprensivo asume una posición activa y humilde, se constituye como un diálogo entre personas que participan conjuntamente de la experiencia y vivencia investigativa, pues la información se origina en las bases y es generada para las bases, solo que en modo más ordenado y sistemático, lo que ayuda a romper la alienación que caracteriza muchas veces el conocimiento de sentido común (Fals Borda, 1978).
La comprensión puede ser un medio de relación para un fin investigativo o práctico, pero la comprensión puede ser fin en sí mismo de las relaciones humanas. La educación está en movimiento, pero ¿Hacia dónde?, el modo de investigarla no le es inocua, por ello todos tenemos el deber ético de contribuir con nuestras investigaciones a construir una mejor educación y sociedad.

Bibliografía
Berger, P. y Luckmann, T. (2001). La Construcción Social de la Realidad. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.

Briones, G. (2002). Epistemología de las ciencias sociales. Bogotá, Colombia: ICFES. ARFO Editores e Impresores Ltda.
Chirinos, S. y Puerta,  J. (2006). Giro Semiótico de las Ciencias Sociales y Pensamiento Complejo: Una Articulación Crítica. Revista FACES, 17(1), 9-19.
Fals-Borda, O. (1978).Por la praxis: El problema de cómo investigar la realidad para transformarla. Bogotá, Colombia: Federación para el Análisis de la realidad Colombiana.
Fardella, C. (2013). Resistencias cotidianas en torno a la institucionalización del modelo neoliberal en las políticas educacionales: El caso de la docencia en Chile. Psicoperspectivas, 12(2), 83-92.
López, N. y Tedesco, J. C. (2002). Las condiciones de educabilidad de los niños y adolescentes en América Latina. Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación, UNESCO.
Moreno, J. C. (2013). Complejización de la epistemología y epistemología compleja. En Manual de Iniciación al Pensamiento Complejo, Complexus, ICFES y UNESCO.
Morín, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Francia: UNESCO.
Munné, F. (2001). El declive del postmodernismo y el porvenir de la psicología. Cinta moebio, 10, 21-33.

Ponce, V., Lira, L., Torres, M. A. y Cázares, M. R. (2007). Conocer y transformar la práctica educativa. Ed. Secretaría de Educación Jalisco. Guadalajara.